miércoles, 12 de enero de 2011

Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.

¿Te has planteado alguna vez toda esa historia del amor a primera vista? ¿Lo del momento que te marca irremediablemente? ¿Lo de las historias de película? Tal vez ahora estás pensando en alguna historia, una de esas que cuando te rondan la cabeza te dan un vuelco en algún lugar recóndito que a veces creías perdido. Pero ahora mismo detente, deja a un lado tus pensamientos y céntrate en lo que realmente sientes; date cuenta, que cuando sientes, nunca ves nada, fijas la mirada en un punto, cierras los ojos… haces lo posible para dejar de ver porque solo siendo ciego eres capaz de sentir.
 A veces me gustaría ser ciego, para no perderme nunca con los cuerpos, para no dejar salir a la parte animal, para nunca perderme lo importante. Últimamente, un poco más ciego, soy consciente de que veo bastante mejor, porque procuro mirar a través, mirar de verdad, con los ojos cerrados. Porque la vista es el sentido más egoísta, es frío, es simple, antipático, inservible y solo entiende de sexos y no se interesa por las emociones y no nos deja sentir nada, nada. Me gustaría ser ciego para poder ser consciente de cómo huelen las cosas, al igual que los días de resaca. Me gustaría ser ciego, para recorrerte instintivamente, como un mapa en braille. Ser ciego para saborear a fondo los sabores, y después saber a lo que sabes. Y escucharte, cada tarde, sentados con las rodillas juntas y saber cómo suenan realmente nuestras voces.
Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.