Estaba maldito. Me había convertido en una de esas canciones poperas que no hacen más que repetir el estribillo una y otra vez durante toda su existencia. Mi propio pie, inherentemente, sigue chocándose con la piedra que yo mismo puse en el camino la primera vez que hable de algo serio. Y es que está canción no era nada nuevo, desde hace años, la primera vez que dí existencia a aquella primera historia me di cuenta que aunque viese la piedra sería incapaz de esquivarla y es que a parte del morbo de las cosas mal hechas, la poca puntería que había tenido se había perdido por el desagüe, de hecho, se habían perdido tantas cosas bajo el agua de la ducha que ya al salir me daba igual ponerme las lentillas o no, porque seguía tirando los dardos con los ojos cerrados. Y sin ver, con un pie, estúpido por inercia, y mi mala puntería solo conseguía encestar los dardos en porterías que ni siquiera estaban en mi propio campo y el doble filo de mis espadas se había convertido en una pequeña navaja que temía usar por miedo a que no fuese eso, lo que tu querías. Sin motivo aparente, sin apenas conocerte y tú que ni por asomo me dabas "el toque", sentía la necesidad de ver por debajo de tus corazas... pero eramos ajenos, dispares y ni siquiera me movías lo bastante como para que esto fuese algo escrito con buena calidad.
Y así, seguía yo, con mi mala puntería, tirando mis pequeñas cartas, escritas a doble cara ,con mi puño y letra, con la intención de que me mires un segundo, y sin apartar la mirada me lances tu mejor órdago... esta noche, baila conmigo, y yo te dejaré pisarme los pies.
Al menos, la próxima vez, no me cambies esta canción.