Erase una vez, hace mucho mucho tiempo un reino muy lejano donde vivía una princesa que, como en todos los cuentos, era la mujer más guapa del reino, también había una madrasta, que aunque no era madre era muy -asta y por supuesto, también había una especie de príncipe de esos que montan a caballo y salvan a las princesas, aunque en este cuento, los príncipes se quedan en un segundo plano por que las princesas son autosuficientes.
Era una calurosa tarde de verano y la princesa se encontraba en su cuarto preparándose para salir al pueblo. La princesita bajaba todas las tardes al pueblo y empleaba su tiempo libre en ayudar a los habitantes. En el pueblo todos la querían, ella era buena con las personas, buena con los animales, era buena y no solo eso, ella era todo lo que un principe sin trono y con los sentidos atrofiados podría desear. Pero en lo más profundo del bosque del pueblo, en una casita desvencijada y con las ventanas manchadas, habitaba un ser malvado, una mujer con el corazón tan negro como el carbón, que odiaba a la princesita. La mujer que vivía en aquella cabaña se hacía llamar Griselda y a pesar de ser una mujer bella no tenia nada que hacer contra la princesita y por eso la odiaba, envidiaba no ser tan buena, envidiaba no ser tan bella, la envidiaba a ella. Cuando la princesa paseaba por el pueblo, Griselda la seguía y espiaba mientras hablaba con los habitantes.
Un día, Griselda, enveneno la comida de la princesa para que enfermase y no pudiese bajar al pueblo durante una temporada. Mientras la princesa estuvo reposando en cama, Griselda recorrió los caminos que ella solía recorrer y hablo con las personas con las que ella solía hablar, comenzó a contar calumnias sobre ella, inventó historias atroces e intentó destrozar la reputación de la princesa.
Cuando recobró su salud, la princesa, volvió al pueblo a pasear pero la gente no quería hablar con ella y no entendía porqué, pasaron los días pero nada mejoró, fue entonces cuando la princesita comenzó a pensar, en si habría hecho ella algo malo y en que todo debía ser culpa suya. La princesa, que era propensa a pensar y meditar profundamente, perdió el sueño, el hambre y perdió las ganas de todo pero no dejó de pasear por el pueblo. Unos días después, paseando, encontró a un hombre que quedó mirando fijamente mientras ella se alejaba, el hombre sintió una punzada y un vuelco, y comprendió que esa mujer, realmente valía la pena, sin conocerla, ya supo que era importante y como podría ser. La tarde siguiente volvió la pueblo para intentar encontrarse con ella, cuando la vio, con los ojos tristes pero sin lágrimas no pudo evitar acercarse a ella para preguntar que es lo que la ocurría y ella, con necesidad de hablar, no pudo evitar contar lo que ocurría. Aquel hombre, que resulto ser más listo de lo que parecía aconsejo a la princesita lo que debía hacer al día siguiente y también, añadió, que aunque no la conocía sabía que era una buena persona, por que viendo sus ojos no podía ser de otra manera. Al día siguiente, la princesita volvió al pueblo, y siguiendo el consejo de aquel extraño hombre, hizo como si no pasase nada, se vistió con su mejor sonrisa y recorrió el mismo camino de siempre, saludando a las mismas personas de siempre. Repitió el proceso durante una temporada y poco a poco los habitantes del pueblo volvieron a confiar en ella. El cartero la sonreía, el pescadero la saludaba, el panadero horneaba el pan especialmente para ella y al final, todos los habitantes del pueblo, volvieron a quererla como antes, volvió a ser su princesita. Cuando Griselda se entero de lo que había ocurrido, se enfado tanto que rompió todos los cristales de su casa y fabricó un muñeco de vudú para torturar a la princesa también volvió a perseguir a la princesita, entonces fue, cuando los habitantes del pueblo descubrieron que Griselda había sido la causante de los problemas que había tenido la princesita. Los habitantes del pueblo, enfadados y tristes por haber tratado mal a la princesa decidieron ir a casa de Griselda y obligarla a abandonar el reino, Griselda huyó por miedo de las represalias y nunca más volvió por alli. Al final, Griselda terminó siendo tan fea por fuera, como lo era por dentro, los últimos escritos que hablan de ella cuentan que encontro trabajo en el circo de los horrores, donde recibía tomatazos a cambio de dinero.
La princesita, volvió a comer, volvió a dormir y también volvió a sonreir, y como en todos los cuentos el final ha llegado, y sólo si la princesa sonríe, tendremos un colorin colorado.
SIN PALABRAS, pero de verdad. Me gustaría darte un achuchón enorme ahora mismo. No sé si reírme o llorar... eres único.
ResponderEliminar