Llevo mucho tiempo queriendo decirte algo que en realidad no te quiero decir, hay como una fuerza sobrehumana que hace que pare a mitad de camino, y que las palabras se queden en un borrador. Quiero decirte que estás fuera de mi vida, que ya he aprendido a vivir sin ti... pero por otro lado, no puedo resistirme a la idea de imaginarme la vida contigo.
Quiero echarte de mi vida y no se por donde empezar... han sido tantas cosas, las que hicimos, y las pendientes, todos los sueños que dejamos a medio tejer y los planes de verano... que te voy a decir, si me hubiese encantando ver mi futuro recorriendo tu espalda. No podía ser de otra manera, si siempre tuviste el don en mi oportunidad, que cada vez decía que ni una estampida de caballos me haría cambiar de opinión aparecías tú y con dos palabras solucionabas el mundo. No puedo evitar pensar todos los momentos que hemos compartido, perdiendo el tiempo e incluso las palabras... que a veces nuestras conversaciones quedaban reducidas a mirarnos el alma, con todas las heridas que eso marca.
¿Sabes? hubo un día hace no mucho, en el que yo, y mi santa resaca, nos preguntábamos que si ya era el final, que con cada día que pasaba iba perdiendo más y más detalles sobre ti, como por ejemplo que llevabas puesto el primer día que salimos solos a cenar, o de que color era tu chandal de los domingos... es triste decirlo así, pero ya he olvidado como era tu sonrisa, también tu cara de pena, y tu cara de sorpresa, menos mal que por suerte tengo un par de fotos que me recuerdan que también tenias nariz y orejas. Tenía miedo de eso, de olvidarte, de no recordarlo todo... y entonces me llamaste, para cantarme, esa canción que tanto odio, y enseguida me colgaste...y ¡joder! volví a tener esa sensación recorriendo mi cuerpo, esa maldita sonrisa que muy pocas personas saben sacarme...
Pero ya ha pasado mucho tiempo, dos meses y dos semanas menos un día, y quiero liberarme de ti para poder seguir adelante, quiero que salgas de dentro, quiero dejar de pensarte cada día... pero no estoy listo para cerrarte aún la puerta, no sin saber si algo nuevo llegará.
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