El invierno se vuelve eterno sin ella.
Sin ella todo es diferente, para empezar, las calles están más frías y con cada día que pasa anochece antes. Me da pena ver a las farolas doblando turno y el pasar del tiempo sin ella. Siempre llega el día en que el invierno empieza a ser peor, cuando pasa la mitad de noviembre y el frío ya cala los huesos, y también al no estar ella, y sé que parecerá absurdo, se me secan los labios después de comer pipas, la nieve tiene un tacto húmedo y frío y me cuesta levantarme los domingos. Sin ella vuelven también todas mis manias, sea invierno o no, me muerdo las uñas y los carrillos, ando en círculos y balbuceo ante el peligro... No sé, sin ella todo es diferente, sé que podría ser mejor. Desde que no está, y soy consciente de ello, me he aficionado a la cerveza y al vino aunque sigue sin gustarme la sidra. Sé que ella no está, sé que siempre he sido así, sé, que aún, no existe ella.
Ella se vuelve eterna en el invierno.
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