viernes, 4 de marzo de 2011

La princesita y el reino

Erase una vez, hace mucho mucho tiempo un reino muy lejano donde vivía una princesa que, como en todos los cuentos, era la mujer más guapa del reino, también había una madrasta, que aunque no era madre era muy -asta y por supuesto, también había una especie de príncipe de esos que montan a caballo y salvan a las princesas, aunque en este cuento, los príncipes se quedan en un segundo plano por que las princesas son autosuficientes.

Era una calurosa tarde de verano y la princesa se encontraba en su cuarto preparándose para salir al pueblo. La princesita bajaba todas las tardes al pueblo y empleaba su tiempo libre en ayudar a los habitantes. En el pueblo todos la querían, ella era buena con las personas, buena con los animales, era buena y no solo eso, ella era todo lo que un principe sin trono y con los sentidos atrofiados podría desear. Pero en lo más profundo del bosque del pueblo, en una casita desvencijada y con las ventanas manchadas, habitaba un ser malvado, una mujer con el corazón tan negro como el carbón, que odiaba a la princesita. La mujer que vivía en aquella cabaña se hacía llamar Griselda y a pesar de ser una mujer bella no tenia nada que hacer contra la princesita y por eso la odiaba, envidiaba no ser tan buena, envidiaba no ser tan bella, la envidiaba a ella. Cuando la princesa paseaba por el pueblo, Griselda la seguía y espiaba mientras hablaba con los habitantes.
 Un día, Griselda, enveneno la comida de la princesa para que enfermase y no pudiese bajar al pueblo durante una temporada. Mientras la princesa estuvo reposando en cama, Griselda recorrió los caminos que ella solía recorrer y hablo con las personas con las que ella solía hablar, comenzó a contar calumnias sobre ella, inventó historias atroces e intentó destrozar la reputación de la princesa.

 Cuando recobró su salud, la princesa, volvió al pueblo a pasear pero la gente no quería hablar con ella y no entendía porqué, pasaron los días pero nada mejoró, fue entonces cuando la princesita comenzó a pensar, en si habría hecho ella algo malo y en que todo debía ser culpa suya. La princesa, que era propensa a pensar y meditar profundamente, perdió el sueño, el hambre y perdió las ganas de todo pero no dejó de pasear por el pueblo. Unos días después, paseando, encontró a un hombre que quedó mirando fijamente mientras ella se alejaba, el hombre sintió una punzada y un vuelco, y comprendió que esa mujer, realmente valía la pena, sin conocerla, ya supo que era importante y como podría ser. La tarde siguiente volvió la pueblo para intentar encontrarse con ella, cuando la vio, con los ojos tristes pero sin lágrimas no pudo evitar acercarse a ella para preguntar que es lo que la ocurría y ella, con necesidad de hablar, no pudo evitar contar lo que ocurría. Aquel hombre, que resulto ser más listo de lo que parecía aconsejo a la princesita lo que debía hacer al día siguiente y también, añadió, que aunque no la conocía sabía que era una buena persona, por que viendo sus ojos no podía ser de otra manera. Al día siguiente, la princesita volvió al pueblo, y siguiendo el consejo de aquel extraño hombre, hizo como si no pasase nada, se vistió con su mejor sonrisa y recorrió el mismo camino de siempre, saludando a las mismas personas de siempre. Repitió el proceso durante una temporada y poco a poco los habitantes del pueblo volvieron a confiar en ella. El cartero la sonreía, el pescadero la saludaba, el panadero horneaba el pan especialmente para ella y al final, todos los habitantes del pueblo, volvieron a quererla como antes, volvió a ser su princesita. Cuando Griselda se entero de lo que había ocurrido, se enfado tanto que rompió todos los cristales de su casa y fabricó un muñeco de vudú para torturar a la princesa también volvió a perseguir a la princesita, entonces fue, cuando los habitantes del pueblo descubrieron que Griselda había sido la causante de los problemas que había tenido la princesita. Los habitantes del pueblo, enfadados y tristes por haber tratado mal a la princesa decidieron ir a casa de Griselda y obligarla a abandonar el reino, Griselda huyó por miedo de las represalias y nunca más volvió por alli. Al final, Griselda terminó siendo tan fea por fuera, como lo era por dentro, los últimos escritos que hablan de ella cuentan que encontro trabajo en el circo de los horrores, donde recibía tomatazos a cambio de dinero.

La princesita, volvió a comer, volvió a dormir y también volvió a sonreir, y como en todos los cuentos el final ha llegado, y sólo si la princesa sonríe, tendremos un colorin colorado.

martes, 1 de marzo de 2011

Con la luna de día.

Riuyi gastaba todo el día pensando en Megana.
Él la llamaba Megana-Luna, sobre todo cuando sonreía, eso le encantaba. Pero Riuyi pensaba mucho y terminaba todos los días agotado, en la cama, y sin ovejas para poder dormir. Cansado, se juraba una y otra vez que ya no creía pero en el fondo, no quería. Siempre se cansaba; ni tiraba ni reía, ni esperaba ni dormía y ya no quería. Y las historias del amor a primera vista ya no las quería, ni lo de la chica perfecta, después de un par de facturas ya no creía. Enfadado, jurando que ya no creía, mientras apuntaba las fracturas no creía. Después, de después y siempre, siempre con mal tiempo. Y por culpa del mal tiempo ya ni siquiera creía en él, al menos ya no le escribía. Todas las noches se juraba que no creía y pasaba las noches en vela porque ella lo quería. Pero Megana era la luna, y no le quería. No le quería y él se convertía en sol y ya no la veía. Y cuando era sol y ya no creía, ella cantaba, sentada en una orilla y él creía. Le cantaba nanas y cosas prohibidas y él, él la quería. Ella le cantaba y creía, pero después de cantar ella no le quería. Luego por la noche nadie se quería, ella se reía y pintaba el siguiente día.
La siguiente noche, vuelta a empezar con la maldita melodía, aunque poco a poco se dio cuenta, que si no era cosa de dos, él jamás la querría.

martes, 1 de febrero de 2011

El cartero de muñecas

Franz Kafka nació en Praga el 3 de julio de 1883, murió en 1924 por problemas de salud. A pesar de que su obra no es muy extensa, es considerada una de las más influyentes de la literatura universal del siglo XX, posiblemente sea porque a parte de ser un gran escritor era un persona excepcional, fuera de lo común.


En 1923 Kafka se enamora de Dora Diamant(actriz judía que conoce a Kazka en el verano de 1923) . Dora es quien impulsa a Kafka a dejar Praga y mudarse a Berlín. En su estancia en Berlin, a pesar de su deteriorada salud, las condiciones sociales del Berlin de la epoca, pese a saber que tiene los días contados son posiblemente los meses más felices de su vida. En sus últimos meses de vida, en 1924, ejerció como "cartero de muñecas" en el parque de Steglitz

Historia del cartero de muñecas: fragmento de Brooklyn Follies- Paul Auster
"[...] Todas las tardes Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad? Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir. [...]“

"La niña tiene la historia para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir"... Ahora es cuando me pregunto donde está la gente como Kafka y me planteo que si en algún momento de la historia ha habido alguien más así, quizás la humanidad aún tiene motivos para existir, quizás el mundo no es tan negro como nos lo pintan los políticos, quizás halla miles de muñecas por todo el mundo, viajando, casándose y dando motivos a la gente para seguir adelante, demostrando que en el mundo todavía hay personas que brillan por si mismas.
Pero tal vez, solo quizás... por lo menos aún nos queda la ilusión por algo mejor.

miércoles, 12 de enero de 2011

Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.

¿Te has planteado alguna vez toda esa historia del amor a primera vista? ¿Lo del momento que te marca irremediablemente? ¿Lo de las historias de película? Tal vez ahora estás pensando en alguna historia, una de esas que cuando te rondan la cabeza te dan un vuelco en algún lugar recóndito que a veces creías perdido. Pero ahora mismo detente, deja a un lado tus pensamientos y céntrate en lo que realmente sientes; date cuenta, que cuando sientes, nunca ves nada, fijas la mirada en un punto, cierras los ojos… haces lo posible para dejar de ver porque solo siendo ciego eres capaz de sentir.
 A veces me gustaría ser ciego, para no perderme nunca con los cuerpos, para no dejar salir a la parte animal, para nunca perderme lo importante. Últimamente, un poco más ciego, soy consciente de que veo bastante mejor, porque procuro mirar a través, mirar de verdad, con los ojos cerrados. Porque la vista es el sentido más egoísta, es frío, es simple, antipático, inservible y solo entiende de sexos y no se interesa por las emociones y no nos deja sentir nada, nada. Me gustaría ser ciego para poder ser consciente de cómo huelen las cosas, al igual que los días de resaca. Me gustaría ser ciego, para recorrerte instintivamente, como un mapa en braille. Ser ciego para saborear a fondo los sabores, y después saber a lo que sabes. Y escucharte, cada tarde, sentados con las rodillas juntas y saber cómo suenan realmente nuestras voces.
Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.