miércoles, 17 de noviembre de 2010

Esplacnología del corazón, parte I : "Apertura e introducción"


   Había pasado su vida trabajando como camarero, era todo un profesional tras la barra. Nunca recibió quejas de ningún cliente, siempre con un trato muy cordial, la gente decía que era un hombre agradable. Desde mi punto de vista, siempre fue algo impersonal. A pesar de tener buena relación con los clientes nunca les dejaba atravesar la barra y por supuesto el tampoco salía de ella. Era reacio a intimar con las personas. Los que se quedaban con él, se veían forzadas a permanecer tras la barra, pocas personas habían logrado traspasar ese umbral. Se negaba, como si esperase a alguien. Con el tiempo, la barra iba creciendo, los tragos amargos, las bebidas frías y los cafés de media tarde enfriaban la barra y las expectativas del camarero.
   Cierto día, una mujer entro en el bar. Sola. Se abrió la puerta como en una producción de Hollywood, el aire mecía su larga melena, semirubia bajo la potente luz que había surgido, avanzo un par de pasos mientras él se fijaba en sus rasgos. Castaña clara, unos ojos algo marrones que decían mucho más de lo que se puede hablar y esa jodida sonrisa que le dejaba sin habla. Tenía algo, él lo sabía y lo quería descubrir. Cuando llego a la barra él pregunto tambaleándose que era lo que iba a tomar, ella fue concisa:”Ordenes de arriba,  tu jefe me ha dicho que me dejes pasar, soy la nueva camarera.” El camarero lo sabía, si venía de arriba no lo podría evitar, ella estaba irremediablemente dentro de la barra, ya era parte de él.
   Pasaron los días. Como de costumbre el camarero era reacio a actuar, tiraba bandejas por quedarse mirando, descuidaba a los clientes y era incapaz de usar las palabras correctas. Siempre había pensado que las cosas que se rigen por el jefe de arriba no pueden ser forzadas, le gustaba cuando las cosas venían rodadas, cuando eran cosa de dos. Por primera vez desde hace mucho tiempo quería subirse a la barra y proclamar a voces lo que sentía. Quería analizarla, conocerla y lo más increíble, quería que ella lo conociese a fondo; quería convertirse en un estudio de esplacnología, con el pecho abierto, sus manos dentro, y una mirada para quedarse sin respiración. Quería que ella fuese su luz, su noche, su sonrisa y también la lluvia de la tormenta. Pero era incapaz de no esperar a ver si por arte del destino las cosas venían rodadas, esperaba una señal, esperaba que hablase ella. Necesitaban saber si estaba loco o si la locura era cosa de dos.

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