martes, 13 de diciembre de 2011

Debes pensar que soy estúpido

Hace un par de meses intente aprender a tocar la guitarra.
Al principio me encantaba. Me sorprendía como poco a poco mis dedos empezaban a bailar sobre las cuerdas y hacían reir las notas. Si por asomo mi canción se parecía a la verdadera me sentía orgulloso. Buscaba tablaturas e incluso intentaba cantarlas. Me gustaba. Hasta que llego un punto muerto, me atasque y no podía progresar. Aunque volví a intentarlo una y otra vez no lo conseguí. Lo volví a intentar después y había perdido la práctica. Una vez más y al final deje de intentarlo. Pensé que no merecía tanto la pena y guarde la guitarra.

 Oye ¿Es absurdo no? Vale que te has caído y que tampoco parece que vaya a mejor la cosa, ¿pero  qué? ¿Ya no vale la pena intentarlo más? Hace tiempo te prometiste que no te quedarías sin saber las cosas, te juraste que no tirarías la toalla si realmente algo te importaba. ¿Acaso esto no te importaba? Vamos tío, perdiste los papeles por alguien a quien no conocías y no los vas a perder por ella. ¿Qué? Vale, hasta te creo con eso de que ella es demasiado para ti, que tal vez es que no te quiera, que seguramente no sea tu alma gemela, pero ¿acaso has conocido a alguna mejor? ¿Y no vas a hacerlo por ella? Cuéntale la historia a otro, te conozco y sé que eres lo más cabezota y además ella todavía no ha dicho nunca.


No me importa que me rechaces, no mientras lo hagas así. No me importan las veces, no vas a hacer que cambie. No sé como lo haces, pero siempre lo haces. Debes pensar que esto es estúpido y que estoy loco pero déjame estar cerca tuyo, y si algún día te cansas, solo tienes que decirme NUNCA... que yo mientras aprendo de verdad, a tocar la guitarra.




lunes, 12 de diciembre de 2011

De mermeladas y favoritas

Alicia a través del espejo- Lewis Carroll : conversación con al reina blanca
[...]Estoy segura de que te contrataría a ti con mucho gusto -aseguró la Reina-. A dos reales la semana y mermelada un día sí y otro no. 
Alicia no pudo evitar la risa al oír esto, y le contestó: -No quisiera verme empleada... y no me gusta tanto la mermelada. 
-¡Ah! Pues es una mermelada excelente -insistió la Reina. 
-Bueno, en todo caso, lo que es hoy no me apetece nada. 
-Hoy es cuando no podrías tenerla ni aunque te apeteciera -atajó la Reina-. La regla es: mermelada mañana y ayer... pero nunca hoy. 
-Alguna vez tendrá que tocar «mermelada hoy» -objetó Alicia. 
-No, no puede ser -refutó la Reina-. Ha de ser mermelada un día sí y otro no: y hoy nunca puede ser otro día, ¿no es cierto? 
-No, no comprendo nada -dijo Alicia-. ¡Qué lío me he hecho con todo eso! 
-Eso es lo que siempre pasa cuando se vive marcha atrás´ -le explicó la Reina amablemente-: al principio se marea siempre una un poco... [...]



Al fin y al cabo, eres como la mermelada (de limón con un pequeño toque amargo) siempre tocas en otro día; cualquier diabético lo diría, lo más coherente es expulsarte de mi dieta. Lástima que la mermelada de limón sea mi favorita.

viernes, 25 de noviembre de 2011

(des)Inspiración

Después de mucho tiempo, volvimos a encontrarnos pero ya no éramos los mismos, tu habías cambiado, y yo, yo ya no era el mismo, habían pasado tantas esos últimos meses que no hubiese sabido por donde empezar, lo siento si te sentiste abandonada, no fue mi intención. Ha pasado tanto tiempo que incluso se me ha olvidado el dulce sonido que hacías cuando mis manos te rozaban, y a velocidad de la luz componíamos ilusiones, penas y desgracias. Supongo que la nuestra es una relación complicada, no somos compatibles cuando soy feliz, y tampoco cuando ocurre lo contrario, solo nos movemos entre transiciones concéntricas afinando la puntería para evitar hacernos daños. Pero pasa el tiempo y solo tengo una idea en mente, me imaginaba como sería recorrer tu cuerpo con mis dedos, tu cuerpo, un cuerpo cualquiera sin más atracción que la piel por la piel. Me imaginaba cuanto me costaría  ponerte sobre la  mesa y hacértelo hasta que se te sonrojasen las mejillas. Y despertarme contigo, escuchar alguna estupidez y empezar bien el día. Pero ya no queda pasión, las cosas bonitas no funcionan y las largas se estropean Las palabras están infravaloradas y aunque a veces te encuentre ya no eres la misma. En el fondo cambiamos.
Sacaré mi bolígrafo y sin hacerte el amor buscaré el mismo final, palabras sin sentido para que me vuelvas a inspirar.

lunes, 2 de mayo de 2011

Durmiendo despierto

Justo en ese momento, cuando creía que no volvería a dormir, cuando creía que el insomnio jamás me iba a abandonar, justo entonces recordé el tacto de sus manos y comencé a escribir. Escribí mentalmente sobre el perfume de su sonrisa y volví a quedarme corto en colores porque era incapaz de dejar de pensar en donde estaría o que sería de su vida justo en ese momento. Y es que era imposible no imaginar cómo se movería su cuerpo bajo las sábanas, o cuanto pesarían sus caderas sobre las mías, e incluso, pensar, que sería de mi si al levantarme, estuviese con la cabeza apoyada en mi almohada y yo, yo recorriese toda su espalda en busca de alguna recompensa. Era imposible no sentirse a gusto, agradecido o simplemente sentirse. Y es que era complicado dejar de pensar y más lo era si también daba vueltas de trescientos sesenta grados sobre el propio eje de mi mismo ombligo y mientras tanto las caras cambiaban y se deformaban, primero eran las de unos y luego las de otros y luego, como siempre, nunca más veía caras. Y pensaba que sería de nosotros si nos hubiésemos conocido antes, cuando yo creía y tú todavía conservabas algo de esperanza y viceversa o qué pasaría si no nos conociésemos todavía o si ya era tarde o aún demasiado pronto o tal vez todo estuviese en su sitio pero en el orden equivocado. Todo era extraño y tu y yo comprábamos fresas de golosinas en un pequeño puesto de cualquier mercado del centro, no sé bien de donde, ni tampoco con quien pero estábamos los dos. Y de repente llovía y luego estábamos en Marte y luego empezamos a caer y yo me desperté con un bote del susto. Un susto y como siempre, en ese momento, lo peor, despierto y el shock de darme cuenta que no había nadie a mi lado, no había nadie, ni siquiera alguien, de quien estar enamorado.