miércoles, 12 de enero de 2011

Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.

¿Te has planteado alguna vez toda esa historia del amor a primera vista? ¿Lo del momento que te marca irremediablemente? ¿Lo de las historias de película? Tal vez ahora estás pensando en alguna historia, una de esas que cuando te rondan la cabeza te dan un vuelco en algún lugar recóndito que a veces creías perdido. Pero ahora mismo detente, deja a un lado tus pensamientos y céntrate en lo que realmente sientes; date cuenta, que cuando sientes, nunca ves nada, fijas la mirada en un punto, cierras los ojos… haces lo posible para dejar de ver porque solo siendo ciego eres capaz de sentir.
 A veces me gustaría ser ciego, para no perderme nunca con los cuerpos, para no dejar salir a la parte animal, para nunca perderme lo importante. Últimamente, un poco más ciego, soy consciente de que veo bastante mejor, porque procuro mirar a través, mirar de verdad, con los ojos cerrados. Porque la vista es el sentido más egoísta, es frío, es simple, antipático, inservible y solo entiende de sexos y no se interesa por las emociones y no nos deja sentir nada, nada. Me gustaría ser ciego para poder ser consciente de cómo huelen las cosas, al igual que los días de resaca. Me gustaría ser ciego, para recorrerte instintivamente, como un mapa en braille. Ser ciego para saborear a fondo los sabores, y después saber a lo que sabes. Y escucharte, cada tarde, sentados con las rodillas juntas y saber cómo suenan realmente nuestras voces.
Detente, cierra los ojos y comienza a sentir.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Cuack.


La principal razón por la que no me gustan las historias como “Tres metros sobre el cielo”, “Crepúsculo” y demás fenómenos revolucionarios adolescentes es porque en el fondo narran historias que pueden ser reales pero se quedan solo con las palabras. Todas esas relaciones adrenalizantes, arritmizadoras pueden ser reales; pero la gente las toma por imposibles y se limitan a fantasear con las palabras, palabras que se olvidan, vuelan alto y se marchan con el tiempo, sólo palabras bonitas en el momento correcto. Fantasean con la mitad incorrecta de la historia, fantasean con lo que pueden tener y dejan de lado lo realmente importante. Y poco a poco, perdemos las ganas de vivir, la necesidad de descubrir, el ansia por sentir… nos limitamos a vivir con los cánones establecidos viendo siempre lo increíble como absurdo, lo profundo como estúpido, lo real como ficticio…. Reduciéndonos a lo más cómodo por miedo al golpe de aterrizar. Pero ya no tengo miedo a aterrizar, no tengo miedo a las contusiones ni a los cafés de media tarde. Ahora con la seguridad por las nubes y el ego un poco más alto, sé de sobra lo que quiero aunque también sé de sobra que dos de cada tres veces las palabras mienten un poco más que la realidad y la revisten y visten y todo parece mucho más bonito y parece que perdería las piernas por alguien que no mira más allá de la realidad pero no es más cierto que cualquier otra mentira de media verdad.

Pero esta noche, maquíllate, ponte guapa, súbete a tus tacones y esconde tu mirada con un par de copas y una sonrisa de complicidad a algún desconocido, habla poco, o mucho pero no digas nada, dilúyete entre la gente… demuéstrame que eres sólo un espejismo que llego en un mal momento, que no eres más que la idealización que se desvanece, demuéstrame que en el fondo la única razón por la que te preocupas por tu cuerpo es porque temes no tener nada más, que tus palabras son mucho más agiles que tus ojos y has olvidado como habla el corazón... pero en el fondo, demuéstrame todo lo contrario. (De)muéstrate. Y deja de temer el daño de la caída, no conmigo ni por mí, hazlo con todo el mundo, deja de esconderte y busca lo que quieres, si no soy yo, no me importa, pero esta noche, no tengas miedo del golpe, mañana será otro día y si quieres estaré en tu puerta con un par de botes de betadine, gasas y una sonrisa para ti. Porque en el fondo, no te quiero, sólo me resultas diferente, interesante, nada más… pero en realidad veo en ti lo que puedes llegar a ser, veo todo lo que quieres aprender y todo lo que serías capaz de hacer partiendo de lo que eres, y eso, eso es lo que me gusta de ti. Me gusta el ente, no la materia, me gusta lo que quedará y no lo que se desvanece... pero como alguien dijo, lo importante, lo realmente importante es follarse a las mentes.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Me estás jodiendo la vida.

Sólo tengo dieciocho años, dos manos, dos pies y únicamente dos ojos. Aún así he mirado en otros, también detrás de ellos y he visto, he visto miradas. Miradas con bocas que hablan y dicen más de lo que seríamos capaces de reconocer. He visto en los ojos, ojos simples, ávidos, naturales, dulces, risueños, alegres… y en todos ellos he visto tu nombre. Y en tus ojos, en ellos también he visto y después de después de ellos estás tú, difusa, sentada en una silla que te queda pequeña mirando a un pasado sobre el que no tengo derecho a especular.
Tienes un pasado que te hace bipolar, tus deseos, tus necesidades y en medio estás tú. Lo has pasado mal, creo que lo veo en tus ojos, hay algo que te marca y te impide abrirte y dejarte conocer. Quieres una relación estable, basada en las miradas, en la complicidad y te mueres de ganas por quedarte sin aliento y sufrir arritmias continuas. Pero sabemos que no es lo que necesitas, en este momento necesitas sentir, sentirte viva, buscas encontrarte a ti misma y sentirte tuya otra vez. Y aquí estoy yo, como un tonto, buscando tu mirada a tientas por los pasillos, buscando en ti algo que pocas personas pueden darme. Como un tonto, diciéndote todo esto, sabiendo que en ciertos sentidos apenas te importo, creyendo que no soy lo que necesitas. Como un tonto, pero esta noche, necesito que sepas que cuando recuerdes lo que realmente quieres, cuando te hayas cansado de las conversaciones vacías y los cuerpos sudorosos, cuando vuelvas a querer dejarte querer, cuando seas capaz de sostenerme la mirada, cuando vuelvas a ser tú, de verdad, necesito que sepas que estoy aquí, solo para que te preguntes hasta que punto quieres tenerme cerca y aunque no quieras, debes saber que siempre estaré cuando quieras gritar, cuando quieras llorar, cuando quieras reír y también cuando quieras perderte en los ojos de las personas.
Siendo sinceros puedo decir me estás jodiendo la vida, tú y la gente como tú; ni si quiera hace tres meses que te conozco y cada vez me fijo más y más en la gente. En su mirada, en sus gestos, en su perfume, en todo, simplemente para intentar entenderte. Analizo a las personas como sujetos y no como personas, busco señales en ellos que me hagan entenderles como personas. Gran parte de esto por tu culpa. Y sólo te puedo decir una cosa, gracias. Por qué en el fondo, en el fondo del fondo, me gusta esto; me gusta saber que hay algo más allá. Me gusta mirar a las personas.
Y todavía te preguntas quien es jodidamente perfecta, y todavía me dices que estoy jodida y encantadoramente loco, y todavía te harás la sorprendida cuando leas esto, lo vuelvas a releer y veas tu nombre escrito en los ojos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hipocresía como forma de vida.


Quizás, el peor defecto de los humanos y también el más extendido es la hipocresía. Por definición significa fingir, fingir ser algo que no somos. Desde mi punto de vista no concibo la hipocresía como una mentira, más bien creo que es una forma de autoprotección, como un muro que creamos entre nosotros mismos y el resto de la gente. Ocultamos nuestra parte más intima y fingimos ser de otra manera, una vez una gran mujer me dijo que ella lo hacía por sobrevivir, que era necesario si quería continuar. El gran problema de la hipocresía es el dilema que crea frente a la percepción de las cosas, así es como una misma cosa siendo lo que es puede ser a la vez varias cosas, es decir por una lado sería lo que es, por otro lo que para ti es, por otro lo que en realidad es y por último y más importante, sería lo que para sí es. Desde un punto de vista psicológico la hipocresía no tiene ningún tipo de malicia, es más un autoengaño que un engaño al resto de las personas. No somos capaces de sincerarnos, simplemente sonreímos, asentimos y de vez en cuando soltamos una carcajada. Dejamos libre nuestra parte más primitiva y condenamos a nuestra parte más evolucionada a vivir oculta, tan oculta que a veces desaparece. Terminamos actuando con un instinto de protección, la supervivencia del más fuerte. Nos protegemos con escudos verbales y sentimentales temiendo que alguien pueda llegar a conocernos realmente, las personas cercanas son las únicas que realmente son capaces de llegar a hacernos daño, son las únicas que nos importan.
Pensamos de una forma pero actuamos de otra, hablamos de cosas que somos incapaces de realizar, no somos lo que deberíamos ser, somos hipócritas. No me importa cuántas veces te equivoques, ni cuantas veces me mientas para protegerte,yo, me enamoro de la gente que es jodidamente (im)perfecta.