miércoles, 8 de febrero de 2012

call me

It's always the same show
seeing you driving nowhere
thinking what to do or something else
suddenly I'm thinking of you
I want to see you trough

what the hell? something need to change
Take me,drive me away
I don't mind where
It's just one more day, today is your chance
day after tomorrow I won't think of you
you'll be gone by the drain and I'll be miles away from here

What the hell? you are breaking my mould
It's not even a blues song
but I won't lie, you've touched a piece of my soul
just bite your nails and make me feel in love
I don't even know if you imagine me by this way
but baby, I'm crazy and I imagine our own life

what the hell? I need a change
but I won't be brave enough
to tell you about my love.

I just hope this night, 
you take me,take me away,
too far from here
and tell me,
that this night,
 you belong to me.




lunes, 6 de febrero de 2012

Ni siquiera del mismo material.

Estaba maldito. Me había convertido en una de esas canciones poperas que no hacen más que repetir el estribillo una y otra vez durante toda su existencia. Mi propio pie, inherentemente, sigue chocándose con la piedra que yo mismo puse en el camino la primera vez que hable de algo serio. Y es que está canción no era nada nuevo, desde hace años, la primera vez que dí existencia a aquella primera historia me di cuenta que aunque viese la piedra sería incapaz de esquivarla y es que a parte del morbo de las cosas mal hechas, la poca puntería que había tenido se había perdido por el desagüe, de hecho, se habían perdido tantas cosas bajo el agua de la ducha que ya al salir me daba igual ponerme las lentillas o no, porque seguía tirando los dardos con los ojos cerrados. Y sin ver, con un pie, estúpido por inercia, y mi mala puntería solo conseguía encestar los dardos en porterías que ni siquiera estaban en mi propio campo y el doble filo de mis espadas se había convertido en una pequeña navaja que temía usar por miedo a que no fuese eso, lo que tu querías. Sin motivo aparente, sin apenas conocerte y  tú que ni por asomo me dabas "el toque", sentía la necesidad de ver por debajo de tus corazas... pero eramos ajenos, dispares y ni siquiera me movías lo bastante como para que esto fuese algo escrito con buena calidad.
Y así, seguía yo, con mi mala puntería, tirando mis pequeñas cartas, escritas a doble cara ,con mi puño y letra, con la intención de que me mires un segundo, y sin apartar la mirada me lances tu mejor órdago... esta noche, baila conmigo, y yo te dejaré pisarme los pies.

Al menos, la próxima vez, no me cambies esta canción.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Hasta pronto

Se que me prometí que no volvería a hacerlo nunca, pero no podía hacerlo de otra manera... estas últimas semanas han pasado tantas cosas, algunas batallas se han ganado y otras se han perdido, y yo al final, cansado, clavé mi bandera blanca en el camino que conducía a su entrepierna. Fundí todas mis armas cuando pensé en el movimiento de sus caderas y perdí a mis soldados por mandarlos entrar en un terrero que estaba mucho más que vedado. Debería haber hecho caso a lo que me decían los cardiólogos y los artistas, pero que le voy a hacer, si es que me gustaban sus lineas, enemiga. Ellos lo sabían, sabían que al final gritaría que "Nos invaden los rusos". Una vez te dije que yo tenía el corazón sensible, por eso de las arritmias, mis válvulas ya no funcionaban bien y el sonido del lub-dub se había fundido en una balada triste de Rebeca, "Acuerdate". A estas alturas ya sabrás de sobra que la Q del complejo QRS de mi electrocardiograma se ha marchado para dejar paso a otra de ellas, dos veces repetida. Y que decir de la P y la T si ya me advirtieron ambos que de "Haberlo sabido"... Aún así los cardiólogos insistían en que también sufría una grave miocardiopatía y que por eso se me había endurecido el corazón, en el fondo yo sabía que eso era causa un viejo escudo que me enseño una rubia, chiquilla de ojos verdes. Años después aprendí yo mismo a mostrar la jugada, mirar a los ojos y nunca, nunca arrepentirme por no haber hecho nada y en esta historia había un perro, un libro y una puerta a la poesía que sin quererlo me dejó abierta. Esta vez fue la más fuerte, lo mejor que creo que fue entonces cuando nacistes. Había muchas historias, muchas más, la mayoría sin importancia y al final la última, ella, que me hizo el amor solo con las palabras, y es ahí donde te vi crecer y me sentí orgulloso por tus atisbos de esplendor.
 Era irónico que yo, nosotros, que sufríamos transtorno de identidad disociativo, hubiésemos desarrollado un aprendizaje conjunto, creciendo mano con mano, palabra con palabra y juntos los dos estábamos consiguiendo desarrollar algunas zonas blandas, mis puntos débiles, nuestra puerta de entrada. Allí, donde siempre guardaba a Jonny, Aretha, Jimi y por supuesto algo de blues, los Beatles y también amigos y algunos primos sin olvidar, nunca, nunca, que al otro lado estaba todo, todo lo que está escrito, aunque no sea en piedra y ni tu y yo, lo hagamos de muy buena calidad.
 Y así, mis puntos débiles, que realmente eran los nuestros, mi música, mi literatura, mi poesía formaban la única entrada y mi única salida... Se que me prometí que no volvería a hacerlo nunca, pero no podía hacerlo de otra manera, tenía que despedirme de ti antes de comenzar una nueva vida, no quiero borrar mi pasado, pero la carga emocional aquí descrita es demasiado grande y por desgracia eso es algo que una nueva cita  no puede soportar. Lo siento, Cuack, tenemos que dejar esto, al menos por el momento, hasta que pase la tormenta. Te prometo que no habrá nada que nos pare, pero no podemos seguir aquí, eres algo tan intenso y tan grande, que no se puede contar en la primera cita.
 Nos veremos en nuevos folios.
 Hasta pronto Cuack.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Cuando Tweedle dee y Tweedle dum dejaron de bailar con Alicia comenzaron a pelearse por su bonito sonajero nuevo. Se armaron durante horas de herramientas inservibles gritándose despectivamente hasta que se dieron por vencidos antes de comenzar la pelea. La siguiente vez que se vieron, Alicia tomo el sonajero por el mango, lo rompió y sensualmente desapareció entre la arboleda con una media sonrisa en sus labios; la otra mitad se estaba prometiendo que nunca más sería la pequeña ninfula de nadie, aunque eso Lewis  no lo sabía. Siguió mirando su mitad buena y se decidió a inventar una vida para ella.