Se que me prometí que no volvería a hacerlo nunca, pero no podía hacerlo de otra manera... estas últimas semanas han pasado tantas cosas, algunas batallas se han ganado y otras se han perdido, y yo al final, cansado, clavé mi bandera blanca en el camino que conducía a su entrepierna. Fundí todas mis armas cuando pensé en el movimiento de sus caderas y perdí a mis soldados por mandarlos entrar en un terrero que estaba mucho más que vedado. Debería haber hecho caso a lo que me decían los cardiólogos y los artistas, pero que le voy a hacer, si es que me gustaban sus lineas, enemiga. Ellos lo sabían, sabían que al final gritaría que "Nos invaden los rusos". Una vez te dije que yo tenía el corazón sensible, por eso de las arritmias, mis válvulas ya no funcionaban bien y el sonido del lub-dub se había fundido en una balada triste de Rebeca, "Acuerdate". A estas alturas ya sabrás de sobra que la Q del complejo QRS de mi electrocardiograma se ha marchado para dejar paso a otra de ellas, dos veces repetida. Y que decir de la P y la T si ya me advirtieron ambos que de "Haberlo sabido"... Aún así los cardiólogos insistían en que también sufría una grave miocardiopatía y que por eso se me había endurecido el corazón, en el fondo yo sabía que eso era causa un viejo escudo que me enseño una rubia, chiquilla de ojos verdes. Años después aprendí yo mismo a mostrar la jugada, mirar a los ojos y nunca, nunca arrepentirme por no haber hecho nada y en esta historia había un perro, un libro y una puerta a la poesía que sin quererlo me dejó abierta. Esta vez fue la más fuerte, lo mejor que creo que fue entonces cuando nacistes. Había muchas historias, muchas más, la mayoría sin importancia y al final la última, ella, que me hizo el amor solo con las palabras, y es ahí donde te vi crecer y me sentí orgulloso por tus atisbos de esplendor.
Era irónico que yo, nosotros, que sufríamos transtorno de identidad disociativo, hubiésemos desarrollado un aprendizaje conjunto, creciendo mano con mano, palabra con palabra y juntos los dos estábamos consiguiendo desarrollar algunas zonas blandas, mis puntos débiles, nuestra puerta de entrada. Allí, donde siempre guardaba a Jonny, Aretha, Jimi y por supuesto algo de blues, los Beatles y también amigos y algunos primos sin olvidar, nunca, nunca, que al otro lado estaba todo, todo lo que está escrito, aunque no sea en piedra y ni tu y yo, lo hagamos de muy buena calidad.
Y así, mis puntos débiles, que realmente eran los nuestros, mi música, mi literatura, mi poesía formaban la única entrada y mi única salida... Se que me prometí que no volvería a hacerlo nunca, pero no podía hacerlo de otra manera, tenía que despedirme de ti antes de comenzar una nueva vida, no quiero borrar mi pasado, pero la carga emocional aquí descrita es demasiado grande y por desgracia eso es algo que una nueva cita no puede soportar. Lo siento, Cuack, tenemos que dejar esto, al menos por el momento, hasta que pase la tormenta. Te prometo que no habrá nada que nos pare, pero no podemos seguir aquí, eres algo tan intenso y tan grande, que no se puede contar en la primera cita.
Nos veremos en nuevos folios.
Hasta pronto Cuack.
No hay comentarios:
Publicar un comentario