viernes, 16 de diciembre de 2011

En las fotos siempre posaba igual, ponía siempre la misma sonrisa. No era una sonrisa bonita, incluso parecía forzada... A él sin embargo le gustaba sonreír.

 Viendo fotos se dio cuenta que eran como fotos antiguas, no reconocía su rostro en ninguna. Parecía como si ninguna de las fotos le hiciese justicia, él no la recordaba así. En las fotos parecía tan vacía, sonreía al horizonte y ni siquiera sabía por qué. No podía ser ella, era como si se hubiese desvanecido en el aire, en el mismo aire donde se quedaron las palabras del mismo poeta. No reconocía nada de lo que veía, como si él se hubiese confundido de persona. No la veía, no escuchaba su voz, no brillaba en sus ojos, no veía a la poetisa, ya no veía. Quizás se había confundido, no se había enamorado de ella, sus ojos no eran de sus manos ni su corazón de ella misma.  Ella no dijo nada, ella no había dicho nada, asintió cuando él dijo nunca.

Se plantó frente al espejo y se pidió a sí mismo que no lo repitiese nunca, que no lo repitiese nunca. Al darse cuenta que ella nunca le querría se dijo a sí mismo que..
“ éste sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos los últimos versos que yo le escribo.”

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