Juan y Sandra nunca estuvieron enamorados, entre ellos no había nada ni siquiera había física. Creo que ambos (al menos el) sufrían trastorno de identidad disociativo, pero tenían que haber estado sordos y ciegos para no haberse dado cuenta que Cuack estaba enamorado de Rosaniger pero no quería a Sandra. Se enamoraron de la situación ausentes de que no era la suya, no sabían que cuando dejaban sus manos sueltas Cuack jugaba a escribir cartas de amor y Rosaniger a veces le contestaba. Quedaba escrita la historia de un amor imposible en el que era todo esencia, eran Bonnie y Clyde reencarnados, eran los Capuleto y los Montesco eran la definición de la palabra, eran puros pero Juan y Sandra no eran nada. Juan no necesito ni dos lágrimas para recuperarse de lo de Sandra, ni se giró cuando ella tomó aquel autobus, ni sintió punzadas en su cuerpo cuando ella se alejaba... pero Cuak solo necesitó una sonrisa para enamorarse. A Juan no le valía pero a Cuack le bastaba.
Cuack enseñó a Juan y Rosaniger enseñó a Sandra, aprendieron a hacer el amor sin tocar sus cuerpos, follaron encima de todas las letras del abecedario hasta dejarlo seco y sin palabras, agotaron todos los diccionarios mientras sus orgamos volaban, etéreos, por el viento como partículas de polvo. Claro que se enamoraron, pero se enamoraron del sabor de la saliva después de un orgasmo.
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